Aprender a reírse de uno mismo.

Publicado en Diario Imagen el 8 de mayo de 2019.

Esta semana tuve la oportunidad de conocer un nuevo bar dedicado exclusivamente a la comedia y el stand up, BOOM Stand Up Bar. Ya antes había ido a shows de stand up y suelo disfrutarlos mucho y este caso no fue la excepción, aunque acá tuve la ocasión de ver a algunos comediantes que están terminando de pulir su material al lado de otros que ya están más que hechos y algunos más que están en una transición interesante entre la excelente comedia y la exploración cómica.

Coincide que en estos mismos días había estado muy atento a Duelo de Comediantes, uno de los shows originales de Comedy Central  que recién estrenó su segunda temporada. Con presentaciones de El Diablito, Ricardo O’Farril, El CAPI Pérez y Fran Hevia entre otros el programa ha servido como una propedéutica para el género del roast en la comedia mexicana.

El roast, de hecho, tiene un interesante origen histórico y específicamente anglosajón. Al parecer en épocas medievales los bufones empezaron a hacer parodias de los reyes ante los que se presentaban y eventualmente eso se convirtió en rutinas dedicadas a satirizar todo lo relacionado con los reyes: que si eran gordos, que si eran feos, que si eran holgazanes, que si eran soberbios, que si eran malos gobernantes, que si eran tontos, etcétera. Claro, en aquellas épocas el bufón debía ser muy fino y entender hasta dónde podía estirar la liga del humor sin poner en riesgo su cabeza.

Eventualmente esa tradición se extendió incluyendo en el evento a otros servidores o participantes de la vida pública del reino para que hicieran también sus comentarios. Todo en un ambiente relajado, sin que nadie se ofendiera especialmente y con una intención catártica que permitiera dar una válvula de escape a esas frustraciones que podía provocar una figura como lo que representan los reyes.

Con los años la tradición se perdió en la política, pues la política se transformó mucho (aunque no lo suficiente como para no sentir que un buen roast a nuestros funcionarios no vendría mal), y fue adoptada por los comediantes modernos, como los conocemos hoy, dedicados a hacer comedia de situación y del día a día. Claro, sin reyes a los cuales honrar por medio de la sátira, el objeto se desplazó a las celebridades. Y es así como hemos tenido una tradición de roasts que específicamente Comedy Central ha masterizado con eventos dedicados a gente como Donald Trump (cuando era estrella de TV), Justin Bieber, Charlie Sheen, Pamela Anderson, James Franco y Bruce Willis que, además, contaron con la presencia de grandes comediantes, celebridades, deportistas e incluso políticos como Edward Norton, Dennis Rodman, Hannibal Buress, Pete Davidson, Will Ferrel, Peyton Manning, Snoop Dogg, Saquille O’Neal, Aziz Ansari, Bill Hader, Jonah Hill, Andy Samberg, Sarah Silverman, Martha Stewart, Seth Green, Amy Schumer, Mike Tyson, Jeff Ross (apodado el roastmaster por su sátira siempre efectiva y aguda como ningún otra) y una lista interminable de personalidades del entretenimiento estadounidense.

En México el concepto se quiso transportar con el Roast de Héctor Suárez, que contó con la participación de El Diablito,  Hugo “El Cojo Feliz”, Anabel Ferreira y otros actores y comediantes, incluido su hijo Héctor Suárez Gomís. Sin embargo, quizá llegó en un momento en que el público de acá no estaba listo para el concepto; mucha gente se sintió ofendida, otros lo vieron como algo lamentable, otros lo disfrutamos y la mayoría lo convirtieron en un espacio de chisme y morbo.

Como ya había escrito antes respecto a la decadencia de Los Simpsons y reflexionando sobre la sátira a partir de Henri Bergson, filósofo francés del siglo XX; me parece que la risa es ciertamente terapéutica y fundamental para entendernos como humanos. Somos el único animal que se reúne en grupos sólo para reírse. Y es que el humor supone, como dije antes, una distancia emocional con aquello de lo que nos reímos y muchas veces una distancia emocional de nuestras tragedias es lo único que nos da la claridad para enfrentarlas y superarlas.

Entiendo que no sea sencillo desvincularse emocionalmente de ciertos hechos e incluso no estoy seguro que todo deba ser risible, sin embargo, pienso que la risa es a veces el terreno neutro en el que no hay diferencias ni distinciones ni discriminaciones. La risa no discrimina por sí misma porque el humor se puede hacer sobre todos.

Así me lo demostraron Alexis “Ojitos de Huevo” y Kike Vazquez con su duelo en la nueva producción de Comedy Central. Y no quiero caer en el discurso pernicioso y discriminatorio de “qué valientes, son unos héroes por atreverse a eso a pesar de sus condiciones”; al contrario qué chido, que demuestren cómo hay que burlarse de uno mismo y no tenerle miedo a abrazar nuestras diferencias. Uno de ellos ciego y el otro con parálisis cerebral, dieron uno de los mejores duelos que he visto, con irreverencia, sin miedo a nada y con una acidez catártica para todo el que lo vea.

A Kike Vazquez he tenido la oportunidad de verlo en vivo, es un excelente show, lo admiro como comediante. Inteligente para escribir, agudo, profundo y con un excelente delivery. A “Ojitos de Huevo” lo he visto en televisión, me parece muy atrevido con su humor pero especialmente destacable por su capacidad de convertir una discapacidad, que él vive y que sólo quien la vive la entiende, en un tema gracioso y de reflexión para quienes no compartimos su condición.

Hacer comedia de la discapacidad suena a una apuesta impopular, pero cuando se hace con inteligencia y de manera adecuada es, de hecho, la muestra de que, primero, todos tenemos necesidades diferentes y alguna discapacidad relativa y, segundo, la muestra de que el humor puede ser un espacio de inclusión que haga visibles las tragedias de la vida real de un modo tal que, sin darte cuenta, estés interesado en algo que de otro modo te sería ajeno y, seamos honestos, ante lo que te harías indiferente.

Mejorar nuestro país y mejorar las condiciones sociales de nuestros compatriotas y congéneres humanos depende de nuestra capacidad de empatizar con ellos. Hay veces que alcanzar a entender la realidad tan especial y específica que viven otros nos resulta imposible pues somos ajenos a su mundo y a sus necesidades; sin embargo, cuando los testimonios de su experiencia vienen dados por un buen chiste, es imposible no entender, es imposible no ver lo que antes era invisible. Por eso hay que aprender a reírnos de nosotros mismo, porque sólo así entenderemos si la comedia tiene algún límite pero, sobre todo, porque a veces sólo así podemos expresar lo que necesitamos. Y un ser humano maduro es uno que sabe decir lo que necesita, y una sociedad madura es una compuesta de seres humanos que dicen lo que necesitan. Aprendamos a reírnos de nosotros mismos, ayudémonos a ayudarnos.

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