El poder del θυμός

Desde las primeras expresiones introspectivas, reflexivas, artísticas, mitológicas, teológicas y filosóficas de la Historia de las Civilizaciones, el hecho humano se ha descrito emparentado a dos naturalezas en latente conflicto que coexisten en nuestro interior: una animal –vinculada a impulsos reproductivos, sexuales, de alimentación y de excreción− y una racional –vinculada a nuestra capacidad de dialogar, convenir, organizarnos, elucidar, conocer, calcular y resolver.

De ahí, que uno de los lugares clásicos de la literatura y otras formas de arte narrativo sea, precisamente, esta poderosa, misteriosa, angustiante e inconsciente lucha interna. Tal es el caso de la “universalmente aclamada” El Poder del Perro o The Power Of The Dog de la cineasta neozelandesa Jane Campion; recién estrenada vía Netflix.

La película se presentó en festivales de renombre como el Toronto International Film Festival (quedando 2ª como Favorita del Público) y el Festival de Cine de Venecia (donde se alzó con el premio a Mejor Dirección, León de Plata) además de ser reconocida por múltiples organizaciones de críticos que destacan el trabajo de Benedict Cumberbatch como protagonista de la cinta, el trabajo de Kodi Smit-McPhee como actor de reparto, el trabajo de adaptación de guion y dirección de Campion y lo que describen como “una película exquisitamente elaborada” que “reafirma a Campion como una de las mejores directoras de su generación”.

El Poder del Perro es una adaptación fílmica de la novela homónima del autor estadounidense Thomas Savage que sigue a los adinerados hermanos Burbank, Phil (Cumberbatch) y George (Jesse Plemons), mientras se enfrentan a un cambio en sus vidas: el nuevo matrimonio entre George y la dueña de un restaurante y hospedaje que encuentran en su camino como ganaderos, Rose Gordon (Kirsten Dunst).

El matrimonio despertará los celos de un ya hostil, machista y recio Phil, criado a la usanza y bajo las convenciones y códigos del vaquero de su época, que encontrará en Peter (Smit-McPhee), hijo de Rose, la ocasión para desatar su ira (acusándolo constantemente de afeminado), la ocasión para acosar y hostigar psicológicamente a la madre del joven e, inesperadamente, la ocasión para enfrentarse a sus más reprimidos y represivos impulsos no racionales.

La historia se narra con una estética cinematográfica impresionante, pulcra, potente, precisa y que, como buena heredera del western, nos presenta planos abiertos, panorámicos, asombrosos, inmejorables, que contextualizan este drama situado a principios del siglo XX en la belleza de los áridos desiertos norteamericanos. Una impresionante muestra técnica controlada al detalle que logra poner dentro de un encuadre armónico la magnificencia de paisajes montañosos, los turbulentos caracteres y episodios de las vidas de sus personajes y el agreste talante de la vida en el Viejo Oeste.

El hilado de su trama es fino, pausado, sutil pero claro. Tocando con elegancia y finura técnica temas como la soledad, los celos, el machismo, la homofobia, la violencia psicológica de género y sus apremiantes consecuencias en las víctimas de ésta. Dando lugar a una historia de estructura clásica que recuerda a las clásicas tragedias griegas que, al tiempo, parte de una referencia bíblica.

Porque detrás del enigmático título de The Power Of The Dog y su inquietante final hay una referencia a una consciencia que se ha tenido desde los primeros filósofos, teólogos y mitólogos de la Historia: la consciencia del poder del θυμός (thymós).

El “espíritu” o “espirituosidad” referida en el griego antiguo en contextos tan variados como tratados médicos, hechicería, magia y brujería y, por supuesto, discusiones filosóficas de carácter biológico, retórico, político y hasta ético.

El thymós griego concebido como la estructura fisiológica de nuestro cuerpo, de nuestra alma, de nuestro espíritu, de nuestra vitalidad, donde se originan pasiones avasalladoras como pueden llegar a ser la ira, la guerra y el deseo sexual, pero también el lugar donde se originan virtudes humanas como la valentía.

El thymós griego que Aristóteles asegurará que es capaz de ser persuadido por la razón para no verse dominado por sus versiones impulsivas y no racionales; agresivas, destructoras, dañinas. El thymós griego como la parte de la estructura fisiológica del ser humano que participa de nuestra animalidad pero que, al tiempo, es capaz de actuar en conformidad con nuestro mejor juicio, en conformidad con nuestra razón y nuestra capacidad de comprender las consecuencias de nuestras acciones. El thymós que llevado por un camino de prudencia y sabiduría práctica puede llevarnos a los actos de coraje, valentía y dignidad autopreservada más virtuosos.

El θυμός (thymós) que, en su Ética Nicomaquea, Aristóteles comparará con un perro “que antes de advertir si es amigo el que llega, con sólo que toquen a la puerta se pone a ladrar”. El θυμός (thymós) que en su versión puramente animal, sin escuchar razones, se avocará irreflexivamente a las pasiones que se desprenden de él, a las emociones que se desprenden reactivamente de él, a los actos y conductas −más cercanos a los de un perro que a los de un hombre− que se convierten en el tirano represor de otros, en la bestia sedienta de dominio que asfixia al prójimo, en la expresión del ego más primitivo que empequeñece con hostilidad a otros.

Es a eso a lo que se refiere la expresión “el poder del perro”, al poder de nuestra animalidad en nuestras vidas; ya sea expresada en ira, venganza o vehemencia sexual. Es a eso a lo que se refiere el Salmo 22, versículo 20, en el que Thomas Savage basa el título de su libro y del que se desprende el título de la aclamada película de Campion: “Libra tú [, Señor,] mi alma de la espada, salva mi vida [y lo más querido para mí] del poder del perro”.

El poder del perro, el poder del thymós, el poder del deseo sexual, el poder de la ira de los que Phil Burbank será representante, ejecutor y vehículo. El poder del destino labrado por la inconsciencia de una animalidad reprimida por un contexto cultural particular. El poder de la animalidad irreflexiva que arrastrará con poética justicia y un toque de angustioso patetismo realista a un simple hombre a su trágica y horrorífica desgracia.

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