¿En qué se parecen una feminista y un misógino?

Publicado en Diario Imagen el 13 de marzo de 2019.

Antes que nada el Universo Cinematográfico de Marvel (o MCU por sus siglas en inglés) ha sido una escuela de mercadotecnia en el siglo XXI. Con la traducción de la lógica de los cómics impresos han logrado posicionar, hasta el momento, a cuantos héroes han querido en la última década. Esto resulta interesante en el caso de la recién estrenada Captain Marvel que antes de las primeras exhibiciones de su película ya contaba con muchos detractores.

Las críticas se detonaron con el resurgimiento de ciertas declaraciones desafortunadas de Brie Larson, protagonista de la película. En consecuencia algunos grupos llamaron a llevar a cabo un boicot al film bajo la consigna de que se trataba de una cinta feminista radical y misándrica. Esta iniciativa parece no haberse concretado pues hoy, tras su fin de semana de estreno, la nueva entrega del MCU se ha convertido en la película de superhéroes más taquillera de la historia protagonizada por una mujer. Asimismo, muchas mujeres comprometidas con la lucha feminista encontraron excesivamente pretencioso que el estreno de este film se haya hecho coincidir con la conmemoración anual del Día Internacional de la Mujer. En especial quienes defendían que “el feminismo blanco” no las representaba.

En suma, a Carol Danvers le llovió por todos lados. Con ambas críticas en mente fui a ver el siguiente episodio en la saga de los Avengers con una tarea clara: definir qué tipo de feminismo se defendía en ella y qué se pretendía transmitir con ello. La cinta es una nueva historia del origen de un superhéroe; sin convertirse en una de las cintas más espectaculares del MCU resulta una buena pieza dentro del engranaje de esta gran historia compuesta por pequeñas historias. Dota de cierta frescura a las películas de intriga gubernamental y, aunque podría resultar carente de escenas de acción, hace un buen trabajo por presentarnos a esta nueva heroína y las posibilidades que se abren con su inclusión dentro del Universo Marvel, además de permitir una relectura de ciertos momentos de la trama que nos ha traído hasta la futura Avenger: Endgame.

 Para mi sorpresa, la película resulta exponer un feminismo bastante neutral y que, a pesar de ser claro y referir con contundencia a ciertas dinámicas comunes para las mujeres, dista mucho de ser radical o un “feminismo blanco”. El mensaje de fondo de la cinta apunta a una necesidad universal que, al mismo tiempo, cobra un sentido muy particular en el contexto de la lucha feminista contemporánea. Dicho de otro modo, transmite un mensaje valioso tanto para quien se entiende feminista como para quien no lo hace.

Al margen de la discusión feminista, la película es un llamado a no rendirse frente a las adversidades, lo cual queda muy bien sintetizado en el slogan de la misma: más poder, más fuerza, más velocidad. Se apela al ímpetu perseverante y consistente por estar dispuesto a siempre reaprender y reconstruir la propia identidad en pos de una mejora constante y el desarrollo de versiones mejor logradas de nosotros mismos.

Este ímpetu de persistencia trajo a mi mente el concepto filosófico del conatus essendi, esto es, la convicción de algunos filósofos de que todas las cosas se esfuerzan por mantenerse en el ser, dicho de otro modo, que todo lo que existe procura mantenerse en la existencia. En específico, trajo a mi mente la formulación de uno de los herederos de este principio que, irónicamente, es bien conocido como uno de los pocos filósofos abiertamente misóginos de la Historia de la Filosofía: Arthur Schopenhauer.

Mientras que con otros filósofos siempre pueden comprenderse algunas de sus visiones peyorativas respecto a la mujer en virtud de contextos que históricamente han sido machistas, el caso de Schopenhauer es especial pues se encargó de manera muy proactiva de dejar en claro sus opiniones sobre las mujeres. Ahora bien, esto no quiere decir que estas ideas hayan formado parte fundamental de sus innegables y valiosísimos aportes a la Filosofía. De hecho, la parte más relevante de su trabajo, y por lo que aún hoy se le estudia, compete al nivel de la ontología o metafísica filosófica, es decir, a aquellos razonamientos sobre el ser y lo que está más allá de la materia. Por el otro lado, sus opiniones sobre la mujer pertenecen a un dominio más bien social y se desprenden de ciertas circunstancias biográficas, además, de haber sido, al menos parcialmente, abandonadas por él mismo con el paso del tiempo que parece haberle hecho desarrollar una opinión menos radical respecto al sexo opuesto.

En pleno siglo XIX el filósofo alemán defiende que detrás de lo que hemos malentendido como una realidad dirigida por la razón o lo razonable se encuentra la verdadera esencia de la existencia: la Voluntad. No se refiere con esto a la voluntad individual de una persona cualquiera si no a la Voluntad como absoluto. O sea, una Voluntad que, como el conatus essendi, se esfuerza por mantenerse siendo voluntad; un querer infinito que sólo quiere querer algo, sin importar lo que este algo sea.

De este modo, para Schopenhauer estamos condenados a ser movidos por una fuerza de la que sólo somos una representación, una Voluntad absoluta que es deseo puro que sólo busca desear. Por tanto, nuestra existencia es una consecución de deseos e insatisfacciones: deseo algo para obtenerlo y cuando lo obtengo me doy cuenta que no me satisface y, por tanto, deseo algo nuevo que cuando consiga tampoco me satisfará y me llevará a otro deseo. Y así consecutivamente. Y así perpetuamente. De ahí que su filosofía sea conocida como una de las más sólidas representantes del pesimismo filosófico.

Otros escritores, pensadores y científicos como Schrödinger, Nietzsche, Freud y Borges sacarán mucho provecho de estas ideas para desarrollar sus propios sistemas narrativos, físicos, filosóficos y psicológicos. Entre ellos, Nietzsche propondrá, con base en la idea de Voluntad de Schopenhauer, la necesidad de convertir ese impulso vital que desea constantemente en una vehemencia por crear y recrear constantemente, cual artista, la propia vida, la propia identidad y las convicciones personales entre muchas otras cosas.

Con ese giro creativo, la Voluntad se puede encausar a un impulso por superarse a uno mismo, por nunca rendirse, por desaprender y aprender nuevas y mejores formas de ser yo, por ser dueño de uno mismo y de la propia libertad de una manera virtuosa y por satisfacer los propios anhelos propiciando la libertad de los demás. Así, pues, esta superheroína feminista y este filósofo de opiniones misóginas coinciden en este punto: la voluntad de vivir.

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