Época de mitología moderna.

Publicado en Diario Imagen el 2 de mayo de 2019.

Uno de los primeros recuerdos que tengo es ver las series animadas de Spiderman y los X-Men con mi hermano; creo que desde entonces me empecé a familiarizar con el mundo Marvel. Después uno que otro cómic — no muchos para ser sinceros —, tarjetas coleccionables y hartos juguetes y videojuegos relacionados con los diferentes personajes de este mundo fantástico. Siempre tuve ese amigo o esos amigos que eran “mis expertos en cómics” a quienes consultaba dudas y a quienes pedía me explicaran lo que había sucedido en tal o cual historia. Luego, la explosión: películas, series y un Universo Cinematográfico.

Como muchos me he preguntado ¿qué causa el éxito de éstas películas? Son entretenidas, divertidas y se han puesto a la cabeza de la tecnología en el cine pero no son películas de arte que busquen reinventar la narrativa o la fotografía; son películas comerciales que integran excelentes elementos artísticos y, sobretodo, que hacen justicia y reinventan la mitología  estadounidense moderna que ha supuesto el cómic desde los años 30.

Sería muy ingenuo de mi parte pensar que estos diez años de películas que han llevado a Avengers: Endgame están exentos de propósitos e intereses políticos por parte del estudio que los produce; de hecho, asumo conscientemente que cuando veo estas películas estoy viendo films que transmiten valores del liberalismo americano y de la política demócrata de nuestro vecino del norte. Con todo, encuentro demasiado reduccionista decir que estas películas son pura propaganda; sí, hay una agenda política detrás de estas películas, a veces muy obvia, a veces muy inteligentemente transmitida, sin embargo, para mí hay mucho más.

¿Por qué puedo ir a ver este gran final de diez años de películas y conmoverme hasta las lágrimas?¿Por qué mi piel se eriza cuando en pantalla veo a un grupo de superhéroes unirse para plantarle cara a una amenaza común? ¿Por qué en mi mente pueden tener el mismo peso reflexiones nacidas de alguna obra de Aristóteles y reflexiones derivadas de un diálogo de Doctor Strange? Yo creo que es porque así funciona la mitología. Da explicaciones sobre aquello que no conocemos del todo: universos cuánticos y galaxias remotas, y transmite valores humanos que consideramos dignos de replicarse: valentía, unidad, fortaleza, sacrificio, entrega, lealtad, etcétera.

Lo que más me ilusiona de estar ante una mitología moderna es que las mitologías siempre dan paso a la filosofía. Así fue en la época de Homero y su Iliada y así será ahora. Porque cuando no existe una explicación certera para algo, cuando la incertidumbre se apodera del intelecto y cuando, al tiempo, se exige el sustento de ciertos valores de vida, es imposible no cuestionarse por las bases de eso que desconocemos y por las raíces de los valores que defendemos. Todo parte de una pregunta ¿es esa verdadera valentía?¿será que así puede  funcionar el universo subatómico?¿sí habrá una vida extensa y vasta en otras galaxias?¿es necesario el sacrificio de algunos para el beneficio de la mayoría? Esas preguntas y más me dejó Avengers: Endgame.

Cuando algo me interesa suelo investigar tan a fondo como puedo —como un licenciado en filosofía y clasicista pasajero puede — sobre el asunto. Así que durante estos diez años he estado recabando un sinfín de datos, teorías desechables y elementos para formarme una opinión sobre lo que se ha calificado como “un acontecimiento cultural”.

En Avengers: Infinity War vimos el camino de Thanos por convertirse en un dios, incluso con una referencia bíblica sutil pues, igual que en la Biblia, a este dios le costó “siete días” crear el mundo que quería: uno por cada Gema del Infinito para después descansar durante el séptimo día (que es lo que vemos al final de la cinta). Endgame, creo, al hacer un claro paralelo con su antecedente, muestra el camino de los superhéroes por alcanzar algo que está más allá de su naturaleza superhumana.

No me considero perteneciente a ninguna iglesia, de hecho, dudo mucho de la Providencia y tiendo a ser deísta y, por momentos, hasta agnóstico. Empero, reconozco que muchos de los valores en los que creo los aprendí de mi formación católica. Entre ellos, sospecho que en nosotros hay espacio para algo más allá de nuestras naturalezas animales y racionales; como muchos he experimentado la certeza de la incertidumbre: la conciencia de la incapacidad de mis cualidades humanas de entender algo que percibo.

Quizá es pura imaginación, quizá son puros cuentos, quizá son mentiras. El caso es que motivan mucho de mi actuar, pues, al menos en mi opinión, existe la posibilidad de una trascendencia humana que supone algo más allá de lo humano pero que no depende de ello. Una trascendencia interhumana que se da cuando la convivencia de unos con otros nos permite crear conexiones tan profundas que son capaces de romper con la soledad absoluta que implica la existencia subjetiva. Dicho de otro modo, cuando consigues la certeza de que lo que sientes no lo sientes sólo tú sino que puedes sentirlo junto con otros.

Por eso encuentro en el mensaje fundamental de Avengers: Endgame un aliado para romper con los egoísmos y solipsismos que nos invaden. Al margen de la agenda política que tiene o pueda tener, la película es un llamado a la unidad. Pues sólo mediante el trabajo en comunidad y en equipo podemos alcanzar aquello que nos haga más que humanos.

Para no ser, como diría Nietzsche, humanos, demasiado humanos, debemos atrevernos a trabajar en conjunto, conscientes de nuestras diferencias y diversidades y conscientes de que para llegar a la meta que es la comunidad (funcional y que aspire a un bien común) debemos atrevernos a imaginar, a crear ficciones y mitologías que exhiban las preguntas fundamentales que tenemos sobre el momento en que vivimos.

Y ahí, en las preguntas, nace el diálogo y, con él, la filosofía: las nuevas preguntas, las preguntas por el sentido más allá de lo evidente. Las preguntas por los principios de la realidad y los principios de nuestro actuar. Las preguntas por el bien, por los valores y las virtudes. Y, al final, la pregunta que todos queremos responder: ¿cómo me convierto en el héroe de mi propia historia?

Y allí es importante entender que no se trata de ser un héroe al estilo de la mitología estadounidense, ni de la mitología griega, ni siquiera de la mitología mexicana. Se trata de ser un héroe de verdad: uno que no necesita salvar damiselas en peligro, ni considerar a bloques raciales o sociales como “los malos”. Que no precisa de poderes más allá que los de la acción humana. Un héroe que se atreve a promover la libertad y la felicidad de los demás porque sólo así es feliz y eleva su naturaleza humana a lo que sea que esté más allá de ella.

Es época de superhéroes, es época de divisiones, es época de cambios porque es un cambio de época. Es época de tomarnos en serio el reto de ser héroes. Esta es, sí, una época de nueva mitología, hagámosla una época de nueva filosofía.

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