Filosofía Millennial.

Publicado en Diario Imagen el 17 de enero de 2019.

Dicen que los millennials no nos comprometemos con nada; que hemos cambiado instituciones como la familia, la vivienda, el trabajo, la carrera profesional y un largo etcétera. Yo creo que esta afirmación tiene algo de verdadero pero también tiene una explicación: somos la generación más educada de la historia ­— no necesariamente la más culta —, la más desempleada — aunque a la complejidad del mercado laboral habría que sumar un cúmulo de variables de distintos órdenes que nos dificultan la toma de decisiones— y la única que ha crecido gozando del bendito internet — la red de información más grande del mundo generada hasta nuestros días.

La columna que tengo el gusto de presentar el día de hoy y que inicia sus desarrollos con estas líneas tiene dos finalidades básicas que responden a este momento histórico en el que vivimos y, como es natural, a las condiciones singulares que me hacen quien soy, a saber, una filosófica y/o humanista y una millennial. Como filósofo amante de las Letras Clásicas — la de los antiguos griegos y los antiguos romanos —, del arte, de la Historia, las humanidades y la cultura en general, no puedo evitar buscar el sentido de lo que hacemos como seres humanos; se ha vuelto un hábito para mí reflexionar sobre las cosas que vivo y conozco en el día a día echando mano de referentes filosóficos o artísticos o sociales o históricos o los que, aunque sea remotamente, me parezcan pertinentes para develar alguna característica de lo que somos. Al mismo tiempo, como millennial, conozco de primera mano las preocupaciones, ansiedades y dudas que rodean nuestro actuar diario y que solemos cristalizar en una impenetrable apatía y su consecuente sátira de todo lo que nos rodea. Somos la generación que sabe que no sabe para qué hacemos lo que hacemos. En consecuencia, la generación del YOLO —you only live once, i.e., sólo vives una vez.

Así, esta columna espera ser un testimonio de lo que somos los millennials, de lo que nos gusta, lo que nos interesa, lo que escuchamos, vemos y consumimos y los mensajes que existen detrás de nuestro entretenimiento. También espera que al reflexionar sobre estos gustos, actividades e inquietudes se despierte en el lector — millennial o no — un impulso por comprenderlos mejor y con ello facilitar una revisión de lo que usualmente tomamos por trivial para reconocer que aún ahí hay un humanismo pulsante que nos llama a expandir nuestros horizontes culturales. Dicho de modo más sencillo, que lo que consideramos como una ida al cine, una canción, un “jueguito para el cel”, una breve lectura, un paseo de fin de semana o una serie para “echar la flojera” es también una oportunidad para ponernos en los zapatos de otros.

Uno de mis profesores en filosofía, que a su vez refería a uno de sus profesores, decía que somos como el Rey Midas de la razón; yo diría que más bien somos el Rey Midas de la humanización. El mito griego del Rey Midas es bien conocido: Dionisio, dios del vino y las vendimias entre otras cosas, le concedió a Midas el poder de convertir en oro todo lo que tocara; pronto su deseo hecho realidad se convirtió en un problema al no poder, por ejemplo, comer sin convertir sus alimentos en metal o no poder abrazar a sus propios hijos sin miedo a convertirlos en estatuas aureas. Así somos nosotros, todo lo que tocamos lo humanizamos. Nada de lo que hacemos está exento de una referencia a quiénes somos, de dónde venimos, la Historia que compartimos, qué sentimos, qué creemos, qué pensamos, qué sabemos. De ahí que el interés de esta columna sea justamente encontrar qué es lo que estamos expresando al llenar las salas de cine de una cierta película pero no de otra o qué hay detrás de esa canción que se escucha por todos lados, por poner un par de ejemplos.

Como buen millennial no puedo comprometerme a fijarme en un único tema en estas exploraciones. En el interés de mostrar los muchos modos en que nuestros horizontes culturales se cruzan en algo tan común como el entretenimiento, es necesario que esta columna adquiera vida propia y se acerque a los contenidos que su proceso mismo le vaya dictando. Como parte del mismo serán bienvenidos los comentarios y sugerencias del lector en la esperanza de abonar al diálogo que suponen el leer y el escribir.

No obstante, existe un compromiso que sí puedo hacer. Nos dicen millennials aunque la realidad es que no sabemos lo que somos, serán muchos siglos en el futuro los historiadores y nuestros sucesores los que digan: “ellos se decían millennials pero en realidad eran…”. El juicio de valor de nuestra generación no nos tocará a nosotros hacerlo, a nosotros nos toca definir esa generación y el mejor recurso que tenemos es el aquí y el ahora. Disfrutar esta vida, este momento y permitir que nos lleve por donde sus causes nos conduzcan. Ese es mi compromiso con el lector: ser sincero.

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