Fuerza natural

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Todos los análisis, críticas y reseñas que he tenido la ocasión de leer, ver o escuchar sobre Tenet afirman que la nueva película de Christopher Nolan lidia con la noción del tiempo y el imaginario de su hipotética inversión. Desde mi punto de vista, ésta no es una película sobre la inversión del tiempo, sino sobre la inversión de los principios de la física (de manera especial, los de la termodinámica) que, incidentalmente, se experimentan a través de una percepción invertida del tiempo.

Antes de hacer algún juicio, evaluación o incluso antes de pretender extender una reflexión desde la ciencia ficción, acción, suspenso y espionaje de esta película, me parece importante diferenciar entre dos puntos de vista desde los que se puede entender cualquier producto narrativo y, por supuesto, cualquier producto cinematográfico.

Claro, los ángulos y puntos de vista desde los que puede formularse algún comentario sobre cualquier película son casi infinitos; pero aquí me refiero a dos grandes grupos tópicos y argumentales desde los que podemos hacer una primera gran división: el qué y el cómo. El discurso (lo que se dice) y la experiencia (el camino por el que se nos muestra lo que se dice).

Desde ese punto de vista, me parece, Tenet es una cinta del cómo. Una cinta que nos propone un modo invertido de experimentar una pelea, una persecución, el espionaje y, como consecuencia incidental de todo ello, el tiempo. Es un ejercicio cinematográfico atrevido que busca plantear la filmación desde una física antinatural o, al menos, contraintuitiva.

En rasgos generales, la experiencia y habilidad técnica de Nolan bastan para dar vida a la historia de El Protagonista en esta historia construida como una pinza o un par de bucles autoreferenciales que desatarán una serie de eventos imprevistos: autos que se recomponen, persecuciones en reversa, disparos que no proyectan una bala sino que la atrapan, etcétera.

Como es de esperarse, con el atrevimiento vienen también los errores, las ocasiones para quedarse cortos y las incongruencias, incoherencias y los cabos sueltos. Y de esos hay unos cuantos en el nuevo film de Nolan que, por momentos, sucede de manera tan atropellada que necesita reiterar sus objetivos de manera verbal para dar potencia a lo que trata de mostrarnos antes que explicarnos.

Desde el otro gran punto de vista, el qué, la narrativa, la historia; Tenet es una digna heredera del género de espionaje y nos regala una buena dosis de acción, intriga y misterio. Nos sumerge de inmediato en la acción y agiliza sus transiciones con hábiles cortes y con algunos sobreentendidos que permiten ir al grano de un solo tajo. Cualidades que, por otro lado, se convierten en la ocasión de una trama difícil de seguir por momentos que después se vierte en la complicada o nula anticipación e identificación de sus puntos de tensión climática.

Y todo ello se encuentra cargado sobre las adecuadas actuaciones de sus protagonistas principales, interpretados por John David Washington, Robert Pattinson y Elizabeth Debicki, que, sin embargo, no tienen tiempo para expresar y patentar una hondura psicológica destacable o interacciones proporcionales a la intensidad que después tendrán sus vínculos interpersonales.

Pero todo ello cobra sentido desde la valoración de este proyecto como un producto que nos propone un cómo antes de innovar con profundidad en su qué. Qué que, no obstante, coquetea brevemente con temas intrigantes como la comunicación entre el futuro y el pasado, la implícita pregunta por la relación entre el entorno (y sus leyes físicas) y nuestro actuar y, finalmente, una sutil delimitación del libre albedrío a la luz de estos dos temas antes dichos.

Respecto al primer tema, la hipotética comunicación entre el futuro y el pasado (o el presente) fácilmente puede extrapolarse al diálogo entre las diferentes épocas de la humanidad, ante lo que El Protagonista resolverá con un “cada época es responsable por sí misma”. Lo que sonaría simplón y egoísta desde un pensamiento temporal-lineal. Pero en Tenet la linealidad del tiempo no es sólo positiva (de menos a más) sino también negativa (de más a menos), con lo que, en dichas condiciones, el futuro del presente y el pasado del presente son igualmente responsables por éste momento temporal.

De ahí que para El Protagonista, lo más natural sea pensar en la independencia de cada momento temporal pues la percepción del tiempo en una realidad múltiple con leyes físicas y una entropía que vienen y van es sólo una referencia relativa y la causalidad no puede atribuirse de manera puntual y lineal ni, mucho menos, de manera absoluta.

Lo que abre paso al segundo tópico intrigante del qué de la cinta: la entropía inversa o la física invertida. Insisto que juzgar Tenet simplemente como un ejercicio de retroversión del tiempo me parece inadecuado pues hablar de entropía inversa es hablar de temporalidad inversa sólo de manera relativa, es decir, sólo se invierte el tiempo para el observador del tiempo.

Como dirían algunos físicos-filósofos clásicos como Aristóteles, el tiempo es la medida del movimiento, es decir, el tiempo es aquello que nos permite entender que hay cambio en nuestro entorno. Y, como más tarde añadirían pensadores como Kant y que incluso defenderían físicos como Einstein, el tiempo es una condición de la percepción humana antes que una realidad física exterior.

Por lo tanto, podemos deducir, con Nolan, que el tiempo cambia sólo en función de quien lo percibe y su linealidad (pasado, presente y futuro) son sólo relevantes desde el punto de vista de quien experimenta el mundo de la entropía invertida. Entropía que, además, sí resulta una condición extramental y extrahumana que tiene un influjo objetivo en los principios de la física pues al invertir la entropía se invierten las condiciones del equilibrio y el desorden. De manera más clara, al invertir la entropía, las cosas no se vacían si no que dejan de llenarse. Las cosas no se rompen sino que se reúnen. Las balas no se disparan sino que se atrapan.

De ahí, pues, que antes de ser un ejercicio de temporalidad retroactiva, Tenet sea un ejercicio cinematográfico y visual de una física echada para atrás. Ejercicio que, hay que enfatizar, deja muchas preguntas en el aire, cierto, pero que basta para, cuando menos, anunciar su verdadero objetivo temático: el libre albedrío.

Mencionado quizá sólo un par de veces en el film y más sobreentendido que explicitado, el gran tema de reflexión que podemos extraer desde Tenet es el del libre albedrío. ¿En realidad que capacidad de acción y determinación tenemos en un mundo que tiene condiciones naturales que exceden a nuestro entendimiento y a nuestro total dominio?

¿Por qué asumimos que porque podemos ejercer acciones funcionales en el mundo físico lo entendemos?¿Por qué no pensar que todo es un producto de nuestro punto relativo de percepción? Y, dando un paso hacia la ficción científica, ¿cómo sabemos que no existe un universo paralelo y retroactivo al nuestro? ¿Cómo sabemos que no recibimos algún tipo de efectos desde otros futuros o pasados alternos?

Al final, el imbricado mundo que Nolan le ha creado a Tenet no es más que un ejercicio hipotético de todo lo que tendrían que readaptarse las nociones que tenemos de orden, linealidad, física y mundo exterior-objetivo con tan sólo cambiar el sentido de una de las fuerzas naturales que componen al mundo como lo percibimos.

Pero más interesante aún, es una pregunta por el lugar que tendría nuestra subjetivamente invaluable e irrenunciable libertad en un mundo de acciones, estímulos, actividades y retroactividades (aún autoreferenciales) infinitas. Ajenas a nuestro control absoluto. Ajenas a nuestro entendimiento. Ajenas a nuestra percepción relativa (espacio-temporal). ¿Qué somos frente la fuerza natural del Universo?

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