Spiderman, el existencialista

Publicado en Diario Imagen el 23 de enero de 2019.

Lo primero que llamó mi atención de Spider-Man: into the Spider-Verse fue la calidad de la animación; por momentos el movimiento de los personajes resulta muy real, como si se tratara de una película de acción en vivo  y, al mismo tiempo, logra captar la esencia de la experiencia de leer un comic. Logra materialmente dar vida a una historieta.

La explicación técnica para esto resulta fascinante. La película fue hecha por medio de imágenes generadas por computadora y después los artistas visuales las complementaron con la adición de detalles visuales propios de los comics (puntos Ben-Day, líneas de cruce y de eclosión, viñetas divididas, palabras de acción y globos de diálogo). Normalmente las películas se componen de veinticuatro cuadros por segundo, o sea, veinticuatro fotos que generan un segundo de película. Por su parte, en Into the Spider-Verse,  se usan doce viñetas por segundo, lo que resulta vigorizante para el movimiento de los personajes animados porque ese es el mismo ritmo en que operan nuestra vista y nuestro cerebro. Por lo anterior, en la pasada ceremonia de los Golden Globe Awards (los Globos de Oro) Spider-Man se coronó como la Mejor Película Animada.

En cuanto al argumento de la película, es novedoso que se centre ya no en el clásico Peter Parker sino en la historia de Miles Morales, un chico de Brooklyn de ascendencia puertorriqueña y afroamericana. Asimismo, la manera en la que se entrelazan las historias de las diferentes versiones de Spiderman y el hecho de que cada una cuente con su propio bagaje permite que la película se mantenga siempre con algo nuevo que ofrecer. Cada una de ellas representa un estilo de historieta distinta (comics, manga, comic detectivesco y cartoon (a lo Bugs Bunny)), eso robustece la sensación de que estamos ante la colisión de varios universos sin que alguna de ellos se sienta fuera de lugar, lo que vuelve a la historia profundamente verosímil y fluida.

También le favorece en mucho la ruptura de la cuarta pared con la que se desenvuelve la trama; genera momentos de genuina comicidad y, lo que me parece más destacable, permite una conciencia de lo que hace a Spiderman quien es. Como parte de este encuentro, en algún momento se vuelve necesario para estos personajes encontrar en qué coinciden y cuál fue la experiencia límite que los hizo tomar la decisión de convertirse en héroes. En la versión clásica de Spiderman esto se formulaba con la clásica “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” pero en la versión de Miles Morales se da a entender con un “es sólo un salto de fe”.

Me parece que ambas expresiones apuntan a lo que identifica a Spiderman y lo distingue de otros superhéroes: cualquiera puede ser Spiderman. La fuente de los superpoderes de Miles, Peter, y otras versiones de Spiderman es un accidente, es la mera coincidencia. A diferencia de otros, no basta con eso para que se conviertan en superhéroes, sino que es hasta que se hacen conscientes de su valía que logran sacar lo mejor de sí y convertirse en los protectores de su ciudad.

Hay un personaje de la vida real que también hablaba de un “salto de fe”, Søren Kierkegaard, filósofo danés del siglo XIX considerado el padre del existencialismo. Su filosofía surge como una respuesta a las interpretaciones excesivamente sistemáticas que dominaban en su época. Más que centrarse en los grandes conceptos y sus problemas, él se centra en la existencia misma, en la vida; en los conceptos no como grandes problemas abstractos sino como grandes problemas de vida. Así, parte de la idea de que la vida es contradictoria y que nos plantea paradojas ante las cuales poco podemos hacer. Esta impotencia nos genera una sensación de angustia existencial que no tiene un objeto en específico, es, dicho de otro modo, la angustia de la incetidumbre. Para el danés esta angustia es la evidencia de nuestra libertad pues si no fueramos capaces de decidir y de elegir no se abriría ante nosotros el abismo de la existencia: es porque podemos elegir que podemos equivocarnos.

Kierkegaard propone un salto de fe como la respuesta a la angustia existencial que implica la gran responsabiliad de ser libres. Como buen cristiano, lo que está pensando es en un salto de fe que, a pesar de las dudas que nos genere, nos permita acercarnos a Dios y descubrirlo como una realidad desde la fe. Con ello se haría patente frente a nosotros la idea de nuestra finitud, en comparación con la infinitud de Dios, y nuestra angustia se calmaría en el consuelo de estar en manos de Algo más grande que nosotros.

El caso de Spiderman no llega a tintes tan escatológicos ni religiosos pero sí nos plantea una solución ante las dudas y las contradicciones de la vida; en específico a aquellas que nos retienen para convertirnos en los héroes de nuestra propia historia de vida. Nosotros no tenemos superpoderes y nunca los tendremos pero, al igual que para Spiderman y para Kierkegaard, la solución a nuestras incertidumbres dependen de “un salto de fe” para creer en nuestra propia valía y hacer lo mejor que podamos: un acto de libertad constante, constante compromiso y decisión.

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