Todo está bien

Se suele decir que quien mayor hostilidad, frialdad y dureza presenta frente a otros seres humanos es quien, probablemente, más urgencia tiene de una palabra de aliento, un gesto afectuoso o un recordatorio palpable de que no todo es tan malo en la vida; y si lo es, nada dura para siempre.

Curioso que precisamente este talante anestesiado y cínico resalte en el día a día de nuestro mundo contemporáneo. En el día a día de su bombardeo de ofertas de éxito, superación y bienestar que prometen que cualesquiera de estos se encuentran al alcance de nuestro mero cambio de estado de ánimo, o bien, al alcance de una actitud más asertiva, o, incluso, al alcance de nuestro decreto personal e íntimo frente al Universo.

Curioso que, en consonancia, los personajes de los más exitosos productos de entretenimiento exhiban cada vez más fondo trágico, más drama, más realismo lúgubre, mayor desesperanza, mayor severidad psicológica, mayor decadencia, mayor verosimilitud.

Curioso que, este 2021, entre los productos de comedia más aclamados por la crítica especializada se encuentre Ted Lasso de Apple TV+ −según los Premios Emmy, acreedora a los reconocimientos de Serie de Comedia Más Destacada, Actor Principal de Comedia Más Destacado (para Jason Sudeikis, quien repite el premio por su interpretación del personaje protagónico del show), Actor de Reparto de Comedia Más Destacado y Actriz de Reparto de Comedia Más Destacada.

Curioso porque, entre lo que podría parecer una espesa capa de comedias dramáticas, complejas metáforas y hondas y duras introspecciones, reluce una serie caracterizada por todo lo contrario: optimismo, calidez, afabilidad, compañerismo, cariño, sociabilidad, fe en el mundo, fe en los demás, fe en el porvenir, colaboración y, por supuesto, juegos humorísticos (a veces negros, a veces blancos, a veces simples pero efectivos, a veces poco más rebuscados).

El show de TV web se inspira en el personaje homónimo interpretado por Jason Sudeikis para una serie de promocionales relacionados con el futbol americano en los Estados Unidos pero, en esta ocasión, lo sigue en una intrigante expansión de su universo: Ted es un antiguo coach de futbol americano universitario que acepta la increíble propuesta de convertirse en el entrenador de un equipo de la Premier League, la primera división de futbol en el Reino Unido. Primera división de futbol, sí, pero de futbol soccer.

De este modo, la migración desde el deporte de los cascos y el ovoide hacia el deporte de las redes de portería y el esférico verá a un Lasso desconocedor del antiguo juego –incapaz, por ejemplo, de entender a ciencia cierta lo que es un fuera de juego. A un coach estadounidense criado en un pequeño pueblo de Kansas enfrentado a la religiosidad británica por el deporte de Wayne Rooney, Frank Lampard, Steven Gerard, David Beckham y un largo catálogo de históricos jugadores de clase mundial.

Y desde ahí, desde el conflicto de un entrenador bienintencionado en un deporte que le es ajeno, en una cultura que le es ajena y en un país que le es ajeno, se desenvolverá la historia de la incansable e inquebrantable actitud optimista de Ted. La historia de un ser humano empeñado en ser amable, amistoso, agradable. Un ser humano capaz de romper cualquier barrera interpersonal con base en trabajo constante y, básicamente, con base en preocuparse genuinamente por los demás; en interesarse por ellos e interesarse por el más mínimo detalle que puede ayudarlo a ayudar a los demás. Ayudarlos a sentirse valorados, a sentirse apreciados, pero, sobre todo, ayudarlos a tener razones para creer.

Para creer en que un pequeño equipo de futbol puede convertirse en el gran campeón británico, sí, pero no sólo eso. Para creer en que existe el verdadero compañerismo, la verdadera amistad y la verdadera filantropía desinteresada. Para creer que vale la pena ser un equipo.

Un equipo que juega en conjunto al futbol pero que puede ir más allá de esa simpleza. Un equipo de seres humanos retroalimentándose, apoyándose y confiándose unos a otros. Un auténtico equipo que, coincide, es también el pequeño (y ficticio) AFC Richmond.

Pero, luego, la propuesta desarrollada por Sudeikis, Bill Lawrence (La Niñera, Aprendiendo a Vivir), Brendan Hunt (¿Quiénes son los Miller?, Quiero Matar a Mi Jefe) y Joe Kelly excede el mero optimismo con un fondo incisivo, vinculante, profundo y conmovedor para su protagonista.

Para Ted Lasso todo está bien siempre, o al menos eso parece. Es él quien siempre está ahí para dar ánimos a los demás, es él quien siempre busca promover lo mejor de cada persona con la que se encuentra en su camino, es él quien nunca se rinde a pesar de los pesares. Es él quien, a lo largo de esta serie, se convierte en sinónimo de calidez, solidaridad, fraternidad y optimismo.

Pero, ¿cómo se llega allí? −se preguntan los creadores de esta serie. ¿Qué hay detrás de alguien que con todas sus fuerzas se empeña en proyectar la mejor de las actitudes para los demás y que no tiene empacho en dar pasos extra para apoyar a otro ser humano a ser la mejor versión de sí mismo?¿Qué hay detrás de un “todo está bien”?

Se suele decir que quien mayor hostilidad, frialdad y dureza presenta frente a otros seres humanos es quien, probablemente, más urgencia tiene de una palabra de aliento, un gesto afectuoso o un recordatorio palpable de que no todo es tan malo en la vida; y si lo es, nada dura para siempre. Afortunadamente, nada en el mundo es nunca tan sencillo como los lugares comunes.

Porque lo que nos demuestra Ted Lasso con la reconfortante actitud de su protagonista y con la cruda verdad que nos irá compartiendo su trama es que la tragedia, el drama, el dolor, el luto y el sufrimiento no están reservados para quienes deciden adoptar una actitud fría ante el mundo.

En otras palabras, el propio Ted Lasso se convertirá en la muestra de que ante los sinsabores y las injusticias de la vida uno siempre puede devolver optimismo. No como un sosa e ingenua fachada que encubre la negación del dolor, sino como un modo de redirigir el significado de esas tragedias que nos hacen quienes somos.

Ted Lasso deja de relieve que detrás de un “todo está bien” también pueden encontrarse el pánico, la ansiedad y la desesperanza. Que hostilidad no tiene por qué traducirse en replicar hostilidad.  Que, a veces, quien siempre está ahí para todos es quien más necesita que alguien esté ahí para él.

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