Unendliche Dunkelheit

Una de las ventajas del nuevo modo de distribuir contenidos que ha nacido en nuestra época es que plataformas como Netflix se conviertan en el vehículo para que millones de personas alrededor del mundo se contagien e inspiren con excelentes trabajos locales que demuestran su calidad internacional. Tal es el caso de una serie alemana, inesperada, insospechada y que nos ha cautivado con su intrigante trama: Dark.

La fórmula del éxito de esta serie se encuentra quizá en el balance entre sus múltiples elementos, referencias e inspiraciones: ciencia, mitología clásica, filosofía, ciencia ficción y, por supuesto, una sana dosis de melodrama. Elementos que se conjugan para una espesa y densa mezcla de conceptos afines que terminan por volcarse en una tragedia al puro estilo primigenio de la noción griega.

Así, se llama al estrado de esta serie a la iconografía judeocristiana (con referencias a Adán y Eva o San Cristóbal), a la alquimia y la filosofía hermética (con elementos de la Tabla de Esmeralda atribuida a Hermes Trismegisto), a la filosofía decimonónica (con citas específicas al eterno retorno de Friedrich Nietzche y al concepto de Arthur Schopenhauer de la voluntad como representación de la Voluntad), a los inicios de la psicología (con citas explícias de Sigmund Freud), a la mitología grecolatina (con la presencia metafórica de personajes como Ariadna y, de manera implícita, Teseo, el minotauro y su laberinto), a la filosofía oriental (con un sutil paralelo a la paradoja entre el sueño y la realidad de Zhuangzi), a la filosofía sobre el tiempo (con una concepción eternalista del pasado, presente y futuro), a la teoría contemporánea sobre el tiempo (con patentes señalamientos directos a la relatividad de Einstein y el entramado espaciotemporal), a las teorías sobre los agujeros negros y los agujeros de gusano (en específico a la descripción dentro de las concepciones de Einstein y Rosen) y a la mecánica cuántica (con una interpretación sobre los entrelazamientos cuánticos y un recurso al conocido experimento del gato de Erwin Schördinger).

Todo ello para observar un mismo fenómeno desde diferentes puntos de vista: la repetición infinita y cíclica de las paradojas temporales generadas por los viajes en el tiempo y materializadas en un enredado y autoreferencial árbol genealógico en cuyo centro se encuentra Jonas Kahnwald. Fenómeno que será extendido y simétricamente reproducido en una segunda realidad paralela en la que Martha Nielsen se convertirá en la principal agente de un nudo interdimensional que conecta a ambos personajes y sus mundos. Jonas y Martha, Adán y Eva.

En términos técnicos la serie destaca en su fotografía y en sus múltiples puestas en escena con la capacidad de variar con mínimos detalles versiones alternas de los mismos personajes y los mismos lugares. Destaca por su casting preciso que logra generar la impresión de estar viendo a la misma persona en diferentes épocas del tiempo y por la simpleza pero efectividad de sus efectos especiales que logran hacer visible lo que de otro modo sólo quedaría para la imaginación.

En cuanto a su forma de fluir, la narrativa resulta hábil para exponer todos y cada uno de los complejos elementos de su trama sin hacerlos plenamente incomprensibles y, al tiempo, postergarlos para revelarlos en los momentos en los que mejor luzcan. Ayudan en mucho una base melodramática y múltiples arcos románticos que permiten lubricar el camino de los áridos conceptos que necesita esta obra para su desarrollo pero, más que cualquier cosa, destaca la capacidad de esta historia de mantenerse fiel y coherente con sus propia mitología interna, sus propios términos y con las sesudas inquietudes conceptuales que la inspiran.

En especial, reluce y la robostuce su fidelidad al concepto clásico de la tragedia griega. Sus preguntas por el libre albedrío, la predestinación, la libertad y el influjo de las voluntades de unos en las vidas de otros. Reluce, más que todo, esa edípica condena que cae sobre sus personajes: queriendo escapar de su destino sólo se acercan más a cumplirlo.

En cuanto al cierre de la historia de Martha y Jonas, la serie revela de manera explícita un elemento que logró mantener oculto hasta mostrarnos sus implicaciones finales: la existencia de dos tipos de personajes. Unos directamente relacionados a las paradojas temporales creadas por los viajeros del tiempo y otros totalmente ajenos a ellas. Logrando así que en Martha y Jonas se encuentren una serie de causas y efectos que, de ser removidas, cortarían cualquier interrupción entre las dinámicas de los personajes ajenos a la paradoja.

Dicho de otro modo, todo lo que entorpecía y complicaba las relaciones entre los habitantes de Winden se dibujó alrededor de los personajes de la paradoja (con Martha y Jonas al centro de ellas). De modo que, al ser retirados con la ruptura de la misma, Winden puede ser lo que tenga que ser sin más. Así, se permite que el amor entre sus dos protagonistas se disuelva en el paraíso de la nada. En la insólita calma de la oscuridad infinita.

Y en ese momento se nos muestra lo que sería Winden sin paradojas. Si no existiera todo lo que surgió en sus mundos creados por una voluntad humana aferrada al pasado y a los que ya no están. Si en el mundo, como dice Hanna en su monólogo final, no hubieran deseos, obligaciones, ayer, hoy ni mañana; si todo lo que existiera fuera una Unendliche Dunkelheit, una oscuridad infinita.

Ahí detona la reflexión final que nos presenta Dark, coherente con su sus fibras de tragedia griega clásica y coherente con sus recursos a Nietzsche y Schopenhauer: ¿puede existir un mundo exento de deseos y obligaciones (Wollen und Müssen)?¿puede existir un mundo exento de humanos aferrados a sus más íntimos deseos?¿qué garantiza que el estado de cosas que trajo a Jonas a la vida no encuentre un nuevo modo de suceder? En otros términos, ¿qué garantiza que un día las tragedias se acabarán para Winden?¿qué garantiza que un día las tragedias se acabarán para la humanidad?

La serie de ciencia ficción deja abierta esa pregunta a su espectador aunque sugiere que siempre vendrá un nuevo Jonas. Siempre vendrán nuevas tragedias. Nuevas condiciones que nos impongan un destino. Nuevas realidades que reten a nuestro libre albedrío. Pero también, nos reitera una y otra vez la trágica historia, siempre habrá voluntades dispuestas a desatar esos nudos. Siempre habrá personas dispuestas a poner en juego sus existencias y sus afectos por el bien de su propio ser (o no ser) y los de otros. Siempre habrá Claudias. Siempre habrá Jonas y Marthas.

El ciclo interminable entre la tragedia y la esperanza de escapar de ella se repite y se repetirá una y otra vez sobre la vida de los seres humanos. Se repetirá siempre que algo nos vincule los unos a los otros. Se repetirá siempre que alguien en su intimidad sea capaz de desear algo (consciente o inconscientemente). Lo demás es ficción. Estimulante ficción. Lo demás es oscuridad infinita. No-ser: como si estuviéramos “libres de toda carga”. Lo demás es Unendliche Dunkelheit.

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